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Lo que aprendo mientras emprendo – Parte II

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¡Hola!
Antes de leer este artículo te recomiendo revisar el capítulo anterior “Lo que aprendo mientras emprendo – Parte I” a fin de que no pierdas la ilación.

PARTE II

La aventura de trabajar en sociedad

Entonces, un día fui a la casa de Bruna y le propuse participar en la feria “El trigal” vendiendo algo, no sabía qué, sólo quería vender y tal parece que ella también pues casi ni lo pensó, recuerdo que rápidamente me respondió que sí y las dos nos emocionamos y abrazamos como un par de niñas que no dejaban de sonreír y, aunque suene gracioso, sé que si eres un emprendedor entenderás muy bien de lo que hablo.

El siguiente paso fue pensar en un posible inversor pues en esa época teníamos 18 o 19 años, estábamos estudiando en la universidad y por supuesto, nos encontrábamos tan misias como el chavo, así que nuestros padres se apiadaron de nosotras y nos prestaron el dinero necesario (creo que algo de 3,000 soles). Lo que siguió fue pensar qué producto venderíamos y ambas decidimos que la mejor opción era ropa pero no podíamos diseñarla, 1. Porque no sabíamos y 2. Porque estábamos contra el tiempo, así que buscamos algunos proveedores de ropa, mandamos a hacer nuestras etiquetas y listo! Ya teníamos nuestra mercadería. A la par, fuimos soñando y pensando en posibles diseños y ubicación de los pocos muebles que entrarían en el caro pero diminuto stand, nos fuimos emocionando por la instalación del probador, del espejo, de las barras para la ropa, de la luz, por la noche larga pintando el diseño del piso y por todo.

3,2,1… La tienda B.K. (nuestras iniciales, lo sé, poco original) ya estaba lista! y felizmente que sólo duró un mes porque de lo contrario corríamos el riesgo de sacarnos los ojos pues de ser las mejores amigas pasamos a ser como hermanas que se veían de lunes a domingo de 9 a.m. a 10 p.m. por casi más de un mes, contando los días de pre-operación. De cualquier modo, nuestra amistad sobrevivió hasta el día de hoy – 12 años después – y fuera de las peleas o discusiones recordamos esa experiencia como algo enriquecedor que nos ayudó a conocer el trabajo con clientes, el manejo de dinero, el pago de préstamos, el uso de boletas, el trabajo con socios, entre muchas cosas más.

Qué bonito es emocionarse con la primera venta, sentirse útil, hacer lo que te apasiona, crear, innovar…

Qué bonito es ser un emprendedor.

Keri Recabarren – keri@marketingrestaurante.com

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